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Se entrega niño a la Policía Comunitaria de Ayutla para ser reeducado

El menor aseguró haber estado bajo entrenamiento “para ser un pinche sicario”, además de atestiguar 'levantotes', asesinatos y descuartizamientos.


 images/013152.jpgGuerrero • “Me estaban entrenando para ser un pinche sicario”, sostuvo un niño de 12 años que se entregó a la Policía Comunitaria de Ayutla para ser reeducado, aseguró que fue testigo de la venta de droga, asaltos, levantones, asesinatos y descuartizamientos.


Con 1.50 metros de estatura, flaco y con voz apenas audible “Benito” se mostró cubierto con una capucha negra, vestía pantalón de mezclilla gris y camiseta color verde.


Se plantó frente al Tribunal Popular (TP) que este jueves 31 de enero se constituyó en la comunidad de El Mezón, en el municipio de Ayutla de los Libres y reconoció que no llegó completamente por su voluntad, su abuela tuvo que charlar durante varios días con él para hacerle ver que de seguir por el camino que llevaba, no tendría más destino que una muerte violenta o el encierro.


El relato fue crudo y dejó atónitos a los 72 comisarios, comisariados, comandantes y coordinadores de la Policía Comunitaria, solamente los que ya conocían su historia no mostraron señales de conmoción.


“Yo me he salido de la casa a escondidas varias veces, voy con unos ‘compas’ y ellos agarran por toda la carretera y me llevan a una casetita, ahí tienen a un señor amarrado, lo sacan y comienzan a cortar sus dedos; primero los de sus manos y luego los de sus pies, después los brazos completos y las piernas, después le quitan la cabeza y siguen con sus partes, la verdad eso me dio miedo”.


Benito es el sobrenombre que se asignará a este menor para preservar su identidad, quien reconoció ante la asamblea popular que se vio tentado a ganar dinero fácil, pero en poco tiempo se dio cuenta de que las cosas en el mundo de la delincuencia tienen un costo muy alto.


“Por andar con mis pendejadas, el compa que me dijo que me iba a meter ahora me anda buscando en mi pueblo, quiere que le entre con él y yo no quiero meterme en más broncas, porque he visto como ha matado a varias gentes”.


Como la voz del muchachito es baja, en la cancha techada prevalece el silencio y nadie se atreve a interrumpirlo.


“Me llevó por Las Mesas (Municipio de san Marcos), después por allá por Tixtla a matar otro y quería que viera todo porque me estaba entrenando para ser un pinche sicario”.


La única vez en que la voz adquiere un matiz dulce es cuando revela que fue su abuelita la que lo convenció de entregarse a la comunitaria.
“Quiere mi abuela que comience a caminar un poco derecho y por eso decidí venir. Ya no quisiera ver como hacen esa degollación”, apuntó.


Entre los últimos hechos que pudo atestiguar, está el asalto a un taxi: “De nada sirvió que entregaran todo lo que tenían, de todos modos los mataron, yo vi cómo lo hicieron, se los llevaron a una casita rumbo al monte y a unos les quitaron los dedos de sus manos con unos cuchillos largos”.


Antes de que “Benito” se entregara a la PC asegura que recibió la oferta de vender mariguana, aunque algunos de los jóvenes que ya estaban involucrados le sugirieron que no lo hiciera, pues el dinero que les queda es muy poco y la presión a que se les somete mucha.


El menor es hijo de una mujer que hace nueve años emigró hacia los Estados Unidos, vive con su abuela y un tiempo estuvo en Chilpancingo para estudiar, pero la escuela no le gustó y optó por consumir muchas horas deambulando hasta que regresó a su pueblo.


“Le comencé a quitar dinero a mi abuelita, a otras señoras, me metí a la tiendas para robar y por eso ahora vengo aquí, dispuesto a tomar el buen camino aunque me tengan que reeducar”.


La participación del niño terminó en medio de una ovación, los representantes de la Policía Comunitaria se ofrecieron a darle asesoría y ofrecieron ayudar a más jóvenes que estén en esa circunstancia.


ROGELIO AGUSTÍN ESTEBAN

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